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Claves para educar emocionalmente a los hijos
Por Redacción, 14-03-2018 08:38:00
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El Diario del Bebé.

Todos los padres se imaginan, de forma consciente o no, cómo serán o les gustaría que fueran sus hijos de mayores. Este tipo de cuestiones guían todas las decisiones y actuaciones que se toman con respecto a los hijos.

La intención es educarlos lo mejor posible en todas las áreas, pero el día a día pone a prueba a los padres, vienen las dudas, no existen estrategias, falta tiempo, etc. Es crucial saber educar a los hijos en los aspectos emocionales.

La infancia es una época clave para desarrollar sus capacidades personales y sociales; y de todas ellas, es destacable la importancia de la capacidad para gestionar las emociones. Muchos estudios avalan la estrecha relación que hay entre tener éxito en la vida y una buena inteligencia emocional. Afortunadamente es una habilidad que se puede aprender e ir desarrollando.

¿Cómo ayudar a un hijo a ser emocionalmente más maduro? Por un lado, que “los niños aprenden imitando y los padres son las figuras de apego y referencia, el espejo en el que se miran”.

Lo primero que se tendría que hacer es pensar en cómo gestionamos cada uno nuestras emociones: ¿qué hacemos cuándo se nos acaba la paciencia? ¿cómo reaccionamos ante una frustración? ¿cómo nos comunicamos y relacionamos con los demás? ¿qué actitud tenemos frente a un hijo que nos cuenta un problema? "Todo lo que ellos vean de nosotros va a tener más peso que cualquier consejo/discurso que les demos”.

Por otro lado, es importante enseñar al hijo a reconocer emociones y saber nombrarlas, ya sean las que percibe o las ajenas. Para ello es importante favorecer la comunicación (tanto en lo que se refiere a expresarse como a saber escuchar).

Del mismo modo, es importante ayudar al niño a desarrollar la empatía. Se pueden utilizar cuentos, experiencias propias o el juego simbólico. También es conveniente aceptar  y estar abierto a los diferentes tipos de sentimientos. No existen sentimientos “buenos” o “malos”, lo importante es qué se hace con ellos y si se es capaz de regularlos y gestionarlos (por ejemplo, las rabietas van dando paso a formas más aceptables de expresar un enfado).

Es importante “hacer que se sientan seguros, marcando unos límites claros y adecuados para su edad, a la vez que les ofrecemos atención y cariño”. No hay que “sobreprotegerles, los niños deben ir aprendiendo a tolerar la frustración”. Es clave, conocer las características del momento evolutivo en el que se encuentran y no infantilizarlos. Se les debe dar las responsabilidades y la autonomía que les toca. Y al mismo tiempo, se debe potenciar la autoestima del niño dedicando diariamente un rato de juego con él.

En todo este aprendizaje la escuela juega un papel fundamental por varios motivos. Por un lado, es el segundo entorno sociabilizador del niño, donde aprenden a convivir con otros niños. Por otro, hay otros adultos de referencia que sirven de modelo. Al mismo tiempo, se encuentran los profesionales de la educación que guían de forma más personalizada a sus alumnos y a sus padres (tutorías, conferencias, talleres,…). También, hay escuelas que enseñan activamente y aplican programas específicos para trabajar esta habilidad.

“Por esta razón es de vital importancia que la familia y la escuela compartan los mismos objetivos y valores, siendo importante tener una buena comunicación entre los dos, para mantener así una coherencia educativa”. 



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